Abbatia
Sancti Petri
de Curte

La obra de Dios

La liturgia

La misa según el misal romano de 1962, llamado de san Pío V, celebrada en las capillas de la abadía.

«Ergo nihil operi Dei præponatur.»
Ninguna cosa, pues, se debe anteponer a la obra de Dios.

Regla de san Benito, capítulo 43 (traducción de 1850)

En las capillas de la abadía, la misa se celebra según el misal romano de 1962, con las rúbricas de 1960: es el rito romano tradicional, codificado por san Pío V después del concilio de Trento. Hasta 2014 las benedictinas cantaron el oficio en el coro de la capilla de Saint-Pierre; la asociación se fundó para que la oración volviera a ella.

Las celebraciones

Todavía no hay un horario fijo. Las celebraciones dependen de los sacerdotes presentes y de los retiros que recibe la casa Saint-Michel. Para conocer las próximas misas basta con escribir a ac@abbayesaintpierre.org; los horarios se darán aquí cuando sean regulares.

Tomar parte

Las capillas están abiertas durante las celebraciones. Quien se acerca por primera vez a esta liturgia puede seguir la misa en un misal bilingüe, latín y castellano, y preguntar cómo participar. También se puede pedir que se celebre una misa por un difunto o por una intención; la ofrenda es libre. Quienes puedan ayudar al altar, cantar, cuidar la ropa litúrgica o poner flores en el altar son recibidos con gratitud.

La lengua latina y el silencio

La misa se dice en latín, lengua de la Iglesia romana. El concilio de Trento juzgó que no convenía celebrarla en todas partes en lengua vulgar, y pidió a los pastores que explicaran a menudo su sentido a los fieles (sesión XXII, capítulo 8); en un canon distinto defendió la costumbre de decir en voz baja una parte del canon y las palabras de la consagración (canon 9). El silencio del canon es también una manera de orar: los fieles se unen en silencio a la oración del sacerdote.

El sacerdote vuelto hacia el altar

En esta liturgia, el sacerdote y los fieles se vuelven juntos hacia el altar y la cruz, hacia el oriente: los altares de las capillas miran al este, de donde se espera la vuelta del Señor. El sacerdote está al frente del pueblo y ora a Dios en su nombre, porque es a Dios a quien se ofrece el sacrificio. Cuando se vuelve hacia los fieles, es para decirles Dominus vobiscum, u Orate, fratres: orad, hermanos, para que mi sacrificio, que es también el vuestro, sea aceptado.

La misa de san Gil, del Maestro de san Gil, hacia 1500: en el altar mayor de Saint-Denis, el sacerdote, vuelto hacia el altar como los fieles, eleva la hostia. National Gallery, Londres.
La misa de san Gil, del Maestro de san Gil, hacia 1500: en el altar mayor de Saint-Denis, el sacerdote, vuelto hacia el altar como los fieles, eleva la hostia. National Gallery, Londres. fuente de la imagen — Dominio público

Qué es la misa

El concilio de Trento enseña, en su sesión XXII (17 de septiembre de 1562), que la misa es un verdadero sacrificio, en el que se hace presente de modo incruento el sacrificio de la Cruz: la víctima es la misma, y es el mismo Cristo quien se ofrece por ministerio de los sacerdotes (una enim eademque est hostia). Este sacrificio se ofrece por los vivos y por los difuntos. Antes, en su sesión XIII (11 de octubre de 1551), el concilio había definido la presencia real y sustancial de Cristo en la Eucaristía y la transustanciación del pan y del vino en su cuerpo y en su sangre.

Los gestos del rito expresan esta fe: el ofertorio, el canon romano, las genuflexiones y las señales de la cruz, el silencio y la luz en torno al altar.

Lex orandi, lex credendi

En el siglo V, una colección unida a las cartas del papa san Celestino I y atribuida a san Próspero de Aquitania enuncia una regla citada a menudo: ut legem credendi lex statuat supplicandi, «que la ley de la oración establezca la ley de la fe». La oración de la Iglesia expresa su fe y la transmite. Pío XII, en la encíclica Mediator Dei del 20 de noviembre de 1947 (§§ 46-48), recoge este adagio y lo precisa: la liturgia es una profesión de fe, pero no decide por sí misma lo que pertenece a la fe católica; en este sentido, dice, la ley de la fe debe regir la ley de la oración.

El misal de san Pío V

El concilio de Trento (1545-1563) confió al papa la revisión del misal y del breviario. San Pío V publicó el breviario en 1568, y después el misal con la bula Quo primum tempore del 14 de julio de 1570. Este misal no era un rito nuevo: codificaba y revisaba el misal en uso en Roma, cuyo canon se remonta en lo esencial a los primeros siglos; la bula dice haberlo restituido «a la norma y rito de los santos Padres» (ad pristinam sanctorum Patrum normam ac ritum). Fue prescrito a la Iglesia latina, salvo los ritos en uso desde hacía más de dos siglos. Fue revisado después varias veces, en particular bajo san Pío X y Pío XII; la edición típica de 1962, conforme al código de rúbricas de 1960, es la última de esta línea. Es la que siguen las capillas.

El oficio y el canto gregoriano

El oficio divino santifica las horas del día. La Regla de san Benito ordena su curso para los monjes (capítulos 8 a 20); la Iglesia tiene también su propio oficio, el breviario romano, que ordenan las rúbricas de 1960. Los oficios celebrados públicamente en las capillas se indican con los horarios, a petición. El canto gregoriano es el canto propio de la liturgia romana, como recordó san Pío X en 1903. Su estudio y su transmisión son objeto de los cursos del Conservatoire du Patrimoine des Abbayes, otra asociación con sede en la abadía.

Los ministros

La liturgia la celebran sacerdotes católicos que dicen la misa según este misal. La asociación atiende a los gastos del culto y a las necesidades de sus ministros, y ayuda a formar a quienes sirven al altar, cantan y cuidan de la sacristía.

Los libros litúrgicos

El sitio Divinum Officium permite leer cada día los textos de la misa y del oficio según las rúbricas de 1960, en latín con traducción castellana. Es un servicio externo, y no todas las partes están traducidas.

Para saber más